Un paseo por el campo a principios de primavera ofrece muchas cosas y, entre ellas, descubres en los espinos o rosales silvestres del camino unas extrañas bolas que parecen de barro, pero al tocarlas tiene la textura de la madera.
Preguntas a la gente y te lo explican:
«Es una agalla. Las producen unas avispillas que ponen el huevo en el espino. El espino para defenderse de un cuerpo extraño crea esa serie de tejidos.Dentro hubo un insecto, ahora ya endurecidas por el paso del tiempo»
Es una Diplodepsis rosae o Gallarita del rosal Y entonces todo cobra sentido.
